¿Se pasan o se quedan cortos?
12 feb 06Durante los últimos cuatro años de gobierno popular, el señor Zapatero propuso al señor Aznar un pacto mediante el cual se establecía un compromiso entre las dos principales fuerzas políticas de este país para luchar contra ETA: el partido de la oposición apoyaría al Gobierno en su política antiterrorista y no utilizaría el terrorismo como elemento de confrontación política. Esto sucedió durante el Aznarato y ahora, cuando el PP se encuentra en la oposición, pretenden ejercer una potestad que está atribuida al Gobierno, gobernar y establecer la política antiterrorista, y como no pueden hacerlo, ni siquiera son capaces de cumplir los compromisos que otros propusieron y adquirieron con ellos cuando se encontraban al frente del Ejecutivo. Esta actitud es total y absolutamente antidemocrática, antipatriótica y de una deslealtad absoluta hacia el Gobierno y hacia el pueblo soberano que lo ha elegido en las urnas. El discurso del Partido Popular está adornado con acusaciones infames (como pueden ser acusar al Gobierno de pagos anticipados a ETA o de traicionar a las víctimas), con manifestaciones populistas (como la llevada a cabo ante una hipotética conversación con los terroristas), y con frases como la última del señor Zaplana, que ha llegado a decir que “en materia de terrorismo es mejor pasarse que quedarse corto”.
Parece ser que más de 200 etarras detenidos en menos de 2 años (entre ellos los más altos dirigentes de la banda terrorista), 3 años sin víctimas mortales, el procesamiento de dirigentes de HB, el compromiso del Gobierno de que los presos cumplan íntegramente sus condenas (con el límite, claro está, establecido en las leyes y la propia Constitución, porque algunos no son conscientes de que sus argumentos van contra las leyes, la Carta Magna y el Estado de Derecho) o el hecho de que, más que nunca, en el País Vasco exista la convicción de que el fin de la violencia está próximo, es quedarse corto. Pasarse es, según parece, lo que ha ocurrido, en materia de terrorismo, durante el Gobierno del Partido Popular: la excarcelación de 311 etarras, las conversaciones en Zurich con la banda armada, denominar “movimiento de liberación nacional vasco” a ETA o que Aznar dijese que sabría ser generoso si la banda terrorista abandonaba las armas. Me pregunto ¿quién se ha pasado y quién se ha quedado corto en el apoyo a la política antiterrorista llevada a cabo por el Gobierno de turno?; cuando el PSOE propuso el Pacto por las libertades y contra el terrorismo, ¿se pasó o se quedó corto?; cuando Zapatero apoyó incondicionalmente la política antiterrorista de Aznar, ¿se pasó o se quedó corto?; cuando el PSOE dejó de utilizar el terrorismo como arma de confrontación política, ¿se pasó o se quedó corto?; cuando el PP decidió no convocar el Pacto tras los atentados del 11M, ¿se pasó o se quedó corto?; cuando Aznar llamó a las embajadas y a todos los medios de comunicación para que insistieran en la autoría de ETA, ¿se pasó o se quedó corto?; cuando Rajoy, Acebes, Zaplana y el propio Aznar critican la política antiterrorista del Gobierno socialista y utilizan el terrorismo como arma electoral, ¿se pasan o se quedan cortos?; cuando el partido de la oposición se olvida de la división de poderes, cuando cuestiona la independencia de las instituciones democráticas o infunde en los ciudadanos una desconfianza hacia el funcionamiento de las mismas, ¿se pasa o se queda corto?.
Algunos de los mayores ejemplos de lo que es pasarse y no quedarse corto han sido: la manipulación informativa a la que los españoles nos vimos sometidos en los días posteriores al 11M; la deslegitimación constante, por parte de dirigentes populares y medios de comunicación afines, de la decisión del pueblo soberano cuando declaran que este Gobierno está ahí gracias a los trenes de Atocha; o calificar a este gobierno como el gobierno de los GAL. No recuerdo que ningún juez haya ni siquiera imputado a Zapatero, a Bono, a Blanco, a Rubalcaba o a Fernández de la Vega en el asunto de los GAL, pero sí recuerdo que algún ex ministro ha pagado con la cárcel el ser ministro de Interior en aquella época, o que varios ex altos cargos continúan en prisión por los mismos hechos; también recuerdo que un ministro socialista de Interior dimitió en cuanto se produjo la fuga del señor Roldán; tampoco he olvidado que otro ministro dejó su cargo en cuanto el Congreso no aprobó una polémica ley que permitía entrar a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado en un domicilio sin la preceptiva orden judicial. Recuerdo todo eso, como también recuerdo que nunca ningún ministro popular dimitió por los errores cometidos: ni el escándalo Gescartera, ni el desastre del Prestige, ni el accidente del Yak 42, ni la guerra de Irak levantaron las conciencias de ningún dirigente popular para asumir sus responsabilidades políticas y dimitir. Y lo más llamativo de todo es que, el ministro de Interior en el momento en que se produjo el mayor atentado terrorista de la historia de Europa, el señor Acebes, sigue siendo, tras el engaño masivo perpetrado desde la Moncloa en aquellos días tan decisivos para ellos, y tras las conclusiones a las que ha llegado la Comisión de investigación creada al efecto, no solo una de las tres cabezas visibles del Partido Popular, sino quien más se llena la boca al calificar de vergüenza, de infamia, o de burla la actuación del Gobierno de nuestro país.
La doble moral conservadora funciona así: criticar a los demás, pero no hacer nunca autocrítica; exigir responsabilidades a los otros, pero no asumir sus responsabilidades; ver la paja en el ojo ajeno, pero no la viga en el propio. Asuman sus responsabilidades, asuman su derrota electoral, y pónganse a trabajar donde tienen que hacerlo, sin pasarse y sin quedarse cortos: quizás entonces puedan convencer de nuevo a los españoles de que merecen la confianza del pueblo.