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La Coctelera

Hay que intentarlo, por la paz

25 mar 06

El pasado día 22 de marzo la banda terrorista ETA emitía un comunicado mediante el cual declaraba un alto el fuego permanente. Estas cuatro palabras han llenado de esperanza a muchas personas, entre las cuales me incluyo. Si bien es cierto que no podemos fiarnos de quienes siempre han utilizado las armas como medio para conseguir sus objetivos, el hecho de que ahora quieran silenciar las armas y utilizar la palabra es un primer paso a valorar positivamente: algo está sucediendo y quizás, por fin, nos encontremos ante un proceso que no tenga marcha atrás.
Muchos son los factores que invitan al optimismo: por un lado, la forma en que se ha emitido el comunicado, el contenido del mismo, los términos utilizados, el hecho de que ETA declarase hace unos meses que no atentaría contra cargos electos, los más de 1.000 días sin víctimas mortales por atentado terrorista, y la voluntad de cese de la violencia por parte de los miembros de la ilegalizada batasuna; por otro, la desarticulación de varios comandos operativos de ETA y las más de 200 detenciones en estos dos años de política antiterrorista del gobierno socialista. A todos estos factores hay que añadir uno que parece escandalizar a algunos: los contactos y conversaciones que se han mantenido con anterioridad a este comunicado anunciando un alto el fuego permanente.
Los mismos que hoy se escandalizan, que tachan de mentirosos al gobierno, que hablan de que no se pueden pagar precios políticos, que se echan las manos a la cabeza y critican todos y cada uno de los pasos dados por Zapatero o por el fiscal general del Estado, que salen a la calle a manifestarse contra la insultantemente denominada por Ana Botella “política terrorista del gobierno”, los mismos que acusaban de traición a los muertos y que hoy no se alegran de que el pueblo español vuelva a tener esperanza, han dado muestras, una vez más, de su amnesia galopante. Ya no recuerdan lo ocurrido en 1998, ni la política antiterrorista llevada a cabo durante aquella tregua, ni las palabras de Aznar, Mayor Oreja, o Jesús Cardenal, ni los editoriales de Pedro J. Ramírez, ni el manifiesto de las víctimas. No recuerdan nada, y me pregunto cuál es la causa de tanta amnesia. Solo encuentro una respuesta: únicamente el Partido Popular está legitimado para terminar con ETA, y si ellos no lo consiguieron en su momento, nadie más puede intentarlo.
Solo llevamos un día de alto el fuego oficial y ya hay quién afirma que se están pagando precios políticos, que se concederá la autodeterminación o que el Estado de Derecho y los españoles hemos perdido. Y todo ello cuando el gobierno lleva meses diciendo que ni se pagará precio político por la paz ni habrá lugar a la autodeterminación.
Siempre he sido partidario del diálogo y por eso me resulta incomprensible que haya personas que argumenten que con el diálogo pierden el Estado de Derecho y los ciudadanos de nuestra España tan castigada por la lacra terrorista. Sin el diálogo pierden las personas, pierden los pueblos, pierden las naciones, pierde la democracia. El diálogo es el intercambio de opiniones e ideas, no la imposición de las mismas. “La violencia no puede ser un arma política; pero la política sí puede ser un arma para acabar con la violencia”. Ha llegado la hora de ser prudentes, de estar a la altura de las circunstancias, de ser discretos, de estar unidos, de ser generosos, de ser valientes, de utilizar todas las armas que la democracia y el Estado de Derecho nos ofrecen: la oportunidad de conseguir la paz está en juego.

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