La situación en Oriente próximo se complica cada día que pasa: el Consejo de Seguridad de la ONU se plantea elaborar una resolución que “inste a las partes a un alto el fuego y a que se implemente la resolución 1559”, una resolución adoptada hace casi dos años exigiendo a Beirut que ejerza su autoridad en todo el país desmantelando la milicia de Hezbolá. Dicha milicia secuestró hace unos días a dos soldados israelíes provocando la respuesta armada de Israel, país que sigue sin cumplir la resolución 242 del Consejo de Seguridad instándole a retirar sus tropas de los territorios ocupados.

La violencia solo engendra más violencia. Cientos de civiles mueren cada día como consecuencia de unos conflictos basados en el ojo por ojo y el diente por diente. Yo te secuestro a dos soldados, tú matas a cinco de los míos; has matado a cinco de los míos, yo pongo una bomba en el mercado de tu pueblo; tú pones una bomba en el mercado y matas a 20 civiles, yo saco los tanques y destruyo el lugar donde vives. Es la historia de la retroalimentación del odio, la sinrazón, la violencia y la venganza. Mientras tanto, las grandes potencias del mundo “civilizado” se mantienen impasibles, dictando resoluciones que nadie cumple y sin efectos prácticos.

Tan condenable es el terrorismo de Hezbolá o del brazo armado de Hamás, como el terrorismo de Estado practicado por Israel. Mientras la UE permanezca indiferente y los EEUU continúen consintiendo, amparando y financiando el terrorismo de Estado disfrazado de “derecho a defenderse”, solo obtendremos más dolor, fanatismo y deseos de venganza. Y nada de esto salva vidas.