Proceso de paz: ocho meses después
17 nov 06Han pasado ocho meses desde la declaración de alto el fuego permanente realizada por ETA: de la alegría y la esperanza hemos pasado a una cierta tristeza y desconfianza en que este proceso pueda culminar en lo que algunos se resisten a llamar “paz”.
Durante estos meses hemos escuchado, desde un sector mediático y político, que el gobierno había pactado con la izquierda abertzale la anexión de Navarra al País Vasco y la autodeterminación de Euskadi, que se han realizado concesiones políticas y que el ejecutivo socialista ha traicionado a los muertos. El tiempo se ha encargado de demostrar que nada de lo afirmado es cierto y los hechos acontecidos en los últimos días muestran que no solo no ha habido concesiones, sino que el gobierno se ha mantenido firme en su postura inicial: primero la paz, después la política; primero el cese de la violencia y después la negociación.
A pesar de los hechos y de que, al contrario que en la anterior tregua de 1998, no se han acercado presos, ni se ha hablado de movimiento nacional de liberación vasco para referirse a ETA, ni mucho menos se ha mencionado la palabra “generosidad”, todo ello en un contexto no ausente de violencia callejera, ni de secuestros y asesinatos en los meses anteriores a la declaración de tregua, el partido que entonces ostentaba el gobierno y hoy se encuentra en la oposición niega su apoyo a lo que consideran el “mal llamado proceso de paz”.
Resulta curioso que la derecha política y mediática de nuestro país califiquen de concesión el mantener conversaciones extraparlamentarias con dirigentes de la ilegalizada Batasuna, sobre todo teniendo en cuenta lo ocurrido hace ocho años: las conversaciones que el gobierno de Aznar mantuvo, primero en Burgos con Batasuna y posteriormente con ETA en Zurich, ¿también fueron concesiones a la paz? En cualquier caso, ¿qué artículo del código penal tipifica como delito el “hablar” con un terrorista o con quien le apoya? Ninguno: de ser así, muchos serían los políticos y periodistas que tendrían que estar entre rejas por haberlo hecho en el pasado.
A todas estas acusaciones sin fundamento se han añadido otras: se ha hablado de la inactividad de la justicia, cuando diariamente conocemos nuevos juicios y sentencias condenatorias a etarras, y también del abandono y soledad de las víctimas, que son utilizadas de manera partidista y como arma de confrontación política.
El partido popular acude a todas y cada una de las manifestaciones convocadas por un sector de la AVT, y lo curioso es que dichas manifestaciones no son contra ETA sino contra un gobierno que cuenta con el respaldo de todos los partidos políticos con representación parlamentaria (a excepción del PP) para iniciar un diálogo con la banda terrorista. La AVT, en lugar de manifestarse contra la kale borroka o contra la propia ETA exigiendo el cese definitivo de la violencia y la entrega de las armas, decide salir a la calle en contra de un gobierno legítimo y democrático que busca y trabaja por la paz y al que se llega a comparar con los terroristas: ¿cómo se explica esta actitud de cierto sector de las víctimas cuando llevamos más de tres años sin una sola víctima de ETA?; ¿dónde estaba la AVT cuando Aznar habló de generosidad y acercó a presos (entre ellos De Juana Chaos) a la península?
El partido popular y algunas de las víctimas han hablado, incluso, de soledad: ¿dónde estaba la AVT el pasado miércoles cuando Eduardo Madina declaraba en la Audiencia Nacional ante quienes intentaron matarle hace cuatro años? ¿Dónde está el apoyo de la derecha política y mediática españolas a una víctima del terrorismo que ha luchado toda su vida por el diálogo y la paz? ¿Cómo puede el partido de la oposición erigirse en portavoz de todas las víctimas cuando son muchas las que no se cansan de decir “negociación, sí en mi nombre”?
Han pasado ocho meses desde la declaración de alto el fuego permanente realizada por ETA: ¿qué habría pasado si el partido de la oposición y un determinado sector de la AVT se hubiesen unido al gobierno y a aquellas víctimas que sí apoyan el proceso de paz? Es difícil saberlo, pero lo que sí es cierto es que la desunión de los demócratas frente al terrorismo no ayuda ni a vencerle ni a conseguir la paz.
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Basta de mentiras, señor Aznar
Autodeterminación del País Vasco