Señor Rajoy
16 ene 07Efectivamente estamos ante la historia de un fracaso que no se quiere reconocer: el fracaso de ETA y Batasuna, que no quieren reconocer que con el atentado se ha roto el alto el fuego permanente y cualquier posibilidad, en la actualidad, de llegar a un fin dialogado de un conflicto que dura ya 38 años, un conflicto que carga con el penoso bagaje de 818 muertos. Es cierto que en ningún rincón del comunicado terrorista se hacía mención a una renuncia de la violencia: tampoco se hizo en las treguas anterioes y eso no impidió a los gobiernos correspondientes aprovechar la oportunidad de conseguir la paz, sí, la paz señor Rajoy, esa paz de la que hablaba uno de los tres presidentes de su partido allá por 1998. Pero sí había una declaración de cese temporal de la violencia y ahí estaba el reto: conseguir que lo temporal fuese definitivo. También es cierto que hace ocho años, al igual que hoy, existieron innumerables pruebas de que esa aventura no funcionaba, pero se seguía intentando con discreción y con el apoyo de todos los partidos políticos con representación parlamentaria, con todos don Mariano, incluida la oposición.
Díganos señor Rajoy: su gobierno gestionó dos treguas, en 1996 y 1998: ¿alguien le negó su apoyo entonces para llevar a cabo el acercamiento de presos o para reunirse con Batasuna y con ETA; le tomaron el pelo al gobierno del que formaba parte, ese rebaño de asesinos cuando robaron varias toneladas de explosivos mientras ustedes flexibilizaban la política penitenciaria; alguien llegó a culparles de los atentados posteriores a la ruptura de la tregua; alguien le pidió explicaciones por esas dos treguas fracasadas? Nadie lo hizo. ¿Habían previsto que su aventura de 1998 podía salir mal y costar vidas? Porque costó vidas, desgraciadamente siempre ha costado vidas: ojalá un día no cueste ni una más, ¿no le parece?. Afirma que siempre va a dónde le llama el Presidente de su país, ¿por qué no acudió a su llamamiento cuando le solicitó su apoyo; por qué no va hacia el camino del diálogo que su partido transitó en 1998; por qué no va hacia el camino del consenso mayoritario con los demás partidos políticos; por qué no va hacia la unidad de los demócratas o a una manifestación contra el terrorismo tras un atentado que ha segado la vida de dos trabajadores ecuatorianos?
Seguramente el Presidente Zapatero debería haber pedido perdón antes: al menos lo ha hecho por su exceso de optimismo con respecto a la consecución de esa paz tan deseada en este país. Otros no han pedido perdón nunca por nada, ni siquiera por habernos involucrado en una guerra basada en una gran mentira. Pero usted no se fía de quién ha pedido disculpas a todos los españoles por su error. Díganos señor Rajoy, ¿podemos fiarnos de alguien que no ha pedido perdón por decirnos, durante meses, que España y la familia se rompían en pedazos; podemos fiarnos de alguien que afirmaba que la banda terrorista estaba más débil que nunca pero según su partido había cometido el mayor atentado de la historia de Europa; podemos fiarnos de quien ha menospreciado y vilipendiado la labor judicial y policial dando credibilidad a informaciones periodísticas que se desmontaban prácticamente solas al día siguiente una tras otra; podemos fiarnos de quien ha afirmado una y otra vez que nuestro gobierno había cedido ante los terroristas y concedido la autodeterminación del País Vasco y la anexión de Navarra; podemos fiarnos de alguien que nos ha dicho que el Estado de Derecho se había arrodillado ante ETA; podemos fiarnos de alguien que prefiere homenajear a dos víctimas del terrorismo en un acto del partido en lugar de hacerlo en la calle junto a los ciudadanos y demás partidos políticos del arco parlamentario; podemos fiarnos de alguien que está en la oposición y actúa como si todavía estuviese en el gobierno?.
¿No le resulta indigno culpar al Presidente del Gobierno de todo lo ocurrido? Sin duda los terroristas habrán aplaudido su intervención: ellos han colocado la bomba pero usted descarga toda la responsabilidad en el señor Zapatero; ellos han roto el alto el fuego permanente, pero usted culpa de todo a su adversario político; ellos no tienen voz en las instituciones, pero usted le da credibilidad a todas sus declaraciones y permite que dicten la agenda política de este país: porque nunca en la historia de la democracia se había pedido la comparecencia de un Presidente para dar explicaciones, tras una tregua, por la comisión de un atentado terrorista. Los únicos culpables son los que matan, no los que defienden sus ideas con la palabra o intentan buscar el fin de la violencia utilizando todos los medios legítimos a su alcance con un único límite: la Constitución y la ley vigente; los únicos responsables son los que han roto las esperanzas de millones de ciudadanos que creían que esta vez sí podría verse el final.
Nadie puede triturar la Constitución, ni adulterar el Estado de Derecho, ni regalar amnistías, por mucho que usted se empeñe en afirmar lo contrario. ¿De verdad cree en las instituciones, en el funcionamiento del Estado de Derecho o en la Constitución señor Rajoy? Flaco favor les hace a su vigencia, a su credibilidad y fortaleza con esas afirmaciones. Yo sí creo y por eso no me cabe la menor duda de que nadie, ni siquiera un Presidente del Gobierno, puede triturar la Constitución, el Estado de Derecho o conceder amnistías, aunque nos encontremos en una negociación con terroristas.
El Presidente del gobierno ha convocado la comisión de seguimiento: ¿supone la vigencia del pacto antiterrorista la convocatoria de dicha comisión; está usted dispuesto a que ese pacto sea mejorado para conseguir el apoyo de todos los demócratas, para conseguir la unidad de todos los representantes del pueblo español en un asunto de Estado como es el del terrorismo?. Si además del Estado de Derecho y la persecución policial, la unidad de todos los demócratas es el arma más efectiva para luchar contra los que utilizan la violencia y el terror: ¿está usted dispuesto a apoyar al gobierno en materia antiterrorista para conseguir esa unidad de todos contra el enemigo común?. Porque apoyar la unidad de todos, el consenso de todos ante el terrorismo, supone apoyar una esperanza de terminar con esta lacra. Muchos ciudadanos salimos a la calle el pasado sábado día 13 de enero a favor de la paz, de la vida, de la libertad, en contra del terrorismo: muchos pedimos que la unidad de los que allí estábamos, gritando “no al terrorismo”, se materializase en la unidad de todos los partidos: ustedes no quisieron cumplir nuestra esperanza el sábado pasado, pensábamos que quizás lo harían en sede parlamentaria, pero una vez más vemos que no ha sido posible dialogar en busca de ese consenso, de esa unidad que tanto demandamos los ciudadanos y que tanto daño hace a los terroristas.
Quizás sea usted uno de los pocos españoles que no ha escuchado al gobierno y a todos los grupos parlamentarios que durante este tiempo le han apoyado: no habrá concesión política, no es posible la autodeterminación del País Vasco y Navarra será lo que quieran los navarros. Quizás no haya despertado de su sueño y comprobado que aquí, en el mundo real, ni siquiera se han acercado presos y que la justicia juzgó, en un año, a 200 terroristas por sus crímenes. Quizás no se haya enterado de que la ley de partidos sigue vigente, que desde el ejecutivo se ha repetido hasta la saciedad que Batasuna solo podrá entrar en el juego político democrático si condena expresamente la violencia. Quizás no haya entendido que la ruptura de una tregua es el fracaso de quién la rompe, es el fracaso de nuestra esperanza, el fracaso de ver el fin de la violencia y que nadie más pierda la vida por el sinsentido del terrorismo.
Quizás no ha comprendido la letra del pacto antiterrorista, aquella que dice que es el gobierno quien dirige la política antiterrorista y que se establece un compromiso de no utilizar el terrorismo en la confrontación política y electoral. Quizás sea el único que no se ha dado cuenta de que el apoyo se demuestra y se da cuando hay que darlo, cuando se pide, no cuando a uno le viene mejor. Quizás sea el único que no ha escuchado que su Presidente, porque también es su Presidente, convocará la comisión de seguimiento del pacto antiterrorista, que buscará, mediante el diálogo con todas las fuerzas políticas, que ese pacto pueda aglutinarlos a todos para unirlos ante lo esencial, lo fundamental, lo realmente importante: luchar juntos contra ETA. Quizás sea el único que no ha entendido que en una negociación entre partidos democráticos todos tienen que ceder en la búsqueda del bien y el interés común. Quizás sea el único que no ha entendido que los ciudadanos les hemos votado para que solucionen nuestros problemas y que el terrorismo es uno de ellos, que su deber y su obligación es conseguir que nadie vuelva a poner bombas, que el Estado de Derecho y la persecución policial no han conseguido ellas solas en casi 40 años que la cifra de muertos alcance los 818 y miles de personas heridas de por vida, que la negociación tendrá que producirse algún día siempre dentro de los límites establecidos legal y constitucionalmente.
Otros países sufrieron la lacra terrorista, negociaron y consiguieron ver el fin de la violencia sin vulnerar sus principios, sin dejar de lado a la justicia o la memoria de las víctimas: sus procesos fueron largos, fueron duros, fueron difíciles, muy difíciles. Pero ahí estaban todos los partidos unidos ante la adversidad, ante la esperanza de ver el final. Negociar no es sinónimo de ceder al chantaje o a la extorsión, es sinónimo de tratar asuntos, de la naturaleza que sean, procurando su mejor logro: ¿qué mejor logro que conseguir paz, vida y libertad?
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