Amnesia o hipocresía
9 mar 07De un tiempo a esta parte, el discurso político nacional gira entorno a la lucha antiterrorista: un tema de Estado se ha convertido en arma de confrontación y división, no solo política, sino también ciudadana. Algunos, ante una actitud que no sabemos si calificar de amnésica, interesada, hipócrita o cínica, hemos recordado lo sucedido durante gobiernos y treguas anteriores ante los ataques dirigidos por el principal partido de la oposición hacia el gobierno legítimo, surgido democráticamente de la voluntad popular manifestada en las urnas: primero, ante la posibilidad de un diálogo amparado por la mayoría parlamentaria en el supuesto de que se produjese un cese de la violencia; segundo, ante la esperanza abierta tras una declaración de alto el fuego permanente por parte de la banda terrorista ETA; y tercero, ante una medida penitenciaria amparada por la justicia.
Hay quien no soporta el ejercicio de la memoria llevada a cabo, no para criticar ni demonizar al anterior gobierno de Jose María Aznar, sino para poner de manifiesto que entonces, ante las medidas de excarcelación, de acercamiento, de invitación de regreso a exiliados, de palabras generosas y referencias a un movimiento que no es necesario repetir, todos estábamos unidos en la lucha contra el terrorismo, los políticos y los ciudadanos: podía parecernos mejor o peor que se flexibilizase la política penitenciaria, pero todos estábamos de acuerdo en que nuestros gobernantes hiciesen todo lo posible, dentro de la ley y la Constitución, para lograr esa "paz" que no nos costaba nada pedir entonces y que no se puede nombrar ahora. Aceptamos las medidas adoptadas y apoyamos a nuestros dirigentes en la búsqueda del cese definitivo de la violencia, aún habiendo kale borroka, extorsiones y secuestros en vigor durante aquellos difíciles pero esperanzadores momentos.
Hoy parece que pronunciar la palabra "paz", apoyar a un gobierno que intenta conseguir lo que otros intentaron, o tener esperanza en que esta lacra tenga un fin próximo, aunque sea a través de la, en anteriores ocasiones, explorada vía del diálogo, es sinónimo de traición a la patria. El terrorismo, además de utilizarse por unos bárbaros para extorsionar, secuestrar y matar, es utilizado como arma de confrontación y división social por parte de unos políticos que no saben dónde está el límite entre asuntos de partido y asuntos de Estado, pero sí parecían saberlo cuando gobernaban. Ya no hay unidad contra el terrorismo, sino división para atacar al gobierno y defender una postura, tan legítima como otras pero incomprensible si miramos al pasado, abanderándola con símbolos que nos unieron, unen y son de todos los españoles demócratas, también de los que apoyamos a Zapatero, aunque algunos se empeñen en utilizarlos para proclamarse más patriotas o más solidarios con las víctimas que ninguno, y solo consigan escenificar más división y crispación: qué contentos deben estar los defensores del terror al contemplar el bochornoso espectáculo protagonizado por los que preguntan y no permiten hablar porque no quieren escuchar, por los que no haciendo nada entonces hicieron más que los que hoy reciben tanta crítica y deslealtad.
No sabemos si es amnesia o hipocresía insoportable, solo ellos lo saben, pero los que no hemos perdido ni la memoria ni la coherencia, los que seguimos siendo españoles y nunca hemos dejado de estar con las víctimas, sabemos dónde estábamos cuando gobernaban los que hoy lo niegan todo, y dónde estamos cuando gobiernan los que supieron estar a la altura ante un tema de Estado: apoyándoles para estar unidos contra el único y verdadero enemigo común, el terrorismo.
“No estoy pidiendo, y podría hacerlo, que asuman todos los pronunciamientos electorales que ha habido en estos veinte años, ni siquiera que hagan explícita condena de sus propios crímenes, pero sí que acepten las reglas democráticas desde el primer momento en que anunciaron el cese de la violencia”.
Jose María Aznar, 11 de octubre de 1998.
“El Gobierno ha hecho un gesto (el acercamiento de presos) conforme a la voluntad y el deseo de que llegue la paz".
Mariano Rajoy, 26 de diciembre de 1998.
"El gobierno ha hecho, hace y hará todo cuanto esté en su mano por buscar los caminos de una paz definitiva. Pero al mismo tiempo, lo ha hecho, lo hace y lo hará desde el más estricto respeto a las normas del Estado de Derecho y garantizando en todo caso los derechos y las libertades de todos.
Tengo la seguridad de que triunfará la voluntad de paz que todos los españoles compartimos y que entre todos haremos realidad ese camino de esperanza".
Jose María Aznar, 28 de noviembre de 1999.
"Mi Gobierno ha hecho, hace y hará todo cuanto esté en su mano para buscar los caminos de una paz definitiva, con respeto absoluto a las reglas del Estado de derecho, con fidelidad a la Constitución y a la ley".
José Luis Rodríguez Zapatero, 15 de enero de 2007.
P.D. Quiero dedicar este post a Ricardo Royo Villanova, persona que está siendo atacada por quienes han hecho de la amnesia y la hipocresía su patente de corso, de quienes diariamente insultan, injurian, calumnian y llaman a la rebelión social bien sea desde la COPE o desde ¿Libertad? Digital. A algunos no les gusta la libertad de expresión de los demás y menos si se ejerce para decir "verdades" entre tantas mentiras.