Rajoy tiene una mentira para usted (II)
26 abr 07Mariano Rajoy, la persona normal y sensata que no vio mentiras durante los tres días de la infamia, el que tampoco ve discriminación ni uso partidista de las víctimas del terrorismo, ni banderas franquistas en las manifestaciones a las que acude o que convoca personalmente: todo son exageraciones, tergiversaciones, manipulaciones o alucinaciones de ciudadanos que no tienen otra cosa mejor que hacer que escuchar las patrañas de un gallego que no sabe gallego y que se proclama español y “castellano”, cuando lo único que tiene de castellano son los zapatos que calzan sus pies. Rajoy solo es capaz de ver y recordar aquello que es de su agrado, aquel gran día que ha quedado retratado para la historia con la imagen de un Rajoy en pie, cabeza en alto, con la bandera más grande de España a sus espaldas y el himno sonando de fondo tras una tarde rodeado del pueblo llano gritando “Presidente, Presidente” a pulmón lleno: “lo más bonito” que ha visto en su vida. Tanta felicidad habrá ensordecido y cegado a un Rajoy incapaz de regresar a la cruda realidad, a la que exige algo más que ser mayor de edad, español y vitoreado en la calle para ser Presidente del Gobierno: ser votado por la mayoría de los españoles, los mismos que fueron y son capaces de ver lo que otros se empeñaban y se empeñan en ocultar.
Corrupción urbanística:
El tema de la corrupción urbanística no provoca ceguera absoluta en el líder del partido de la oposición: efectivamente existe pero dónde se está produciendo…, ese es otro cantar. A la pregunta de si su partido tomará medidas con aquellos alcaldes que se han visto o están implicados en casos de esta naturaleza delictiva, Rajoy frunce el ceño, sufre dos o tres tics, saca la lengua y se va por los cerros de Úbeda: “lo mejor es liberalizar todo el suelo”. Y es que el aspirante a gobernante siempre estuvo a favor de que todo el territorio fuese urbanizable, siempre que se respete al medio ambiente claro, pues por todos es conocida que “ancha es Castilla”. Lástima que una ciudadana murciana le despertase de su idílico sueño: espacios protegidos de su comunidad autónoma han sido recalificados por el gobierno comunitario popular y diga lo que diga el Tribunal Constitucional al respecto, construirán. Rajoy se escurre, se repite y esboza una sonrisa, como si hubiese hecho una gracieta.
Estatut:
El estatut dejó en evidencia la hipocresía del Partido Popular. Y digo hipocresía porque es incomprensible que varios artículos del estatuto catalán estén recurridos por el PP en el Tribunal Constitucional mientras esos mismos artículos se recogen, con puntos y comas incluidos, en el estatuto andaluz. Como no podía ser de otra manera, Rajoy afirmó que eso no era cierto. De nuevo dos realidades paralelas: la del ciudadano que se informa y compara los dos textos y la del dirigente político que pretende engañar con su palabrería populachera. El texto andaluz no es el único que recoge artículos o contenidos idénticos al catalán: ahí están el articulado valenciano o balear para deleite de aquellos que quieran comprobar in situ el doble juego que practican en Génova. Para rematar la faena demagógica Rajoy pasa por alto que el proyecto estatutario catalán salió del Parlament con el respaldo del 90% de sus miembros, que superó los trámites y procedimientos legislativos contemplados en la Constitución para una reforma de este tipo en las Cortes Generales, que fue aprobado por las mismas y ratificado en referéndum por casi el 74% de aquellos que decidieron expresar su voluntad en las urnas. Si esto no es cumplir a rajatabla lo previsto por el ordenamiento constitucional y ejercicio puro y duro de la democracia, apaga y vámonos.
Organización Territorial del Estado:
La referencia a la norma institucional básica catalana no fue la única que se hizo a lo largo de la noche en lo que respecta a la organización territorial del Estado: un ciudadano de Ceuta quiso saber si el partido popular apoyaría que esta ciudad autónoma pueda convertirse en Comunidad Autónoma. Para no contestar ni “sí” ni “no” Rajoy decidió dar un rodeo argumentando que no creía que hubiese esa voluntad entre la población ceutí y que la españolidad de Ceuta o de Melilla no está en duda por ser ciudad autónoma. La disposición transitoria quinta de nuestra Constitución contempla la posibilidad de que Ceuta y Melilla se constituyan en Comunidades Autónomas, del mismo modo que los artículos 147.3 y 152.2 recogen la reforma de los estatutos autonómicos o la disposición transitoria cuarta ampara la anexión de Navarra al País Vasco: en todos los supuestos enumerados es necesario el voto favorable y mayoritario de sus respectivos ciudadanos. El problema estriba en que los políticos pueden impedir esa manifestación de la voluntad popular denegando la aprobación de las leyes orgánicas que contemplen la constitución o nueva organización territorial o competencial de una Comunidad Autónoma. Cataluña o Andalucía son hoy lo que han decidido, en última instancia, sus ciudadanos, pero porque previamente los políticos les han dado la oportunidad de refrendar con su voto lo que ellos habían decidido. Los ciudadanos del País Vasco, sin embargo, no han podido expresar su conformidad o no con el Plan Ibarretxe porque éste no superó los procedimientos constitucionalmente establecidos. Por ello, cabe preguntarse a quién teme el PP en Navarra: a quienes podrían impulsar una reforma estatutaria o a los que tienen la última palabra, los ciudadanos navarros.
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