El 26 de mayo de 2003, un Yak 42 se estrelló en Turquía con 75 pasajeros a bordo. De ellos, 63 eran militares españoles. Ninguno sobrevivió. Dos días después del accidente se celebró, en nuestro país, un funeral de Estado por las víctimas del siniestro, un funeral en el que al dolor de los familiares por la pérdida del ser querido se unía la indignación por la sospecha de que su cuerpo no había sido correctamente identificado. El tiempo ha demostrado que 30 de nuestros soldados quedaron sin identificar “por las prisas” y que a sus ataúdes se les asignó un nombre que no les correspondía.

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